La causa aún no se conoce, pero existen distintos factores que aumentan las posibilidades de padecerla:

Factores genéticos: dentro de un gran grupo de genes que se llaman “Complejo mayor de histocompatibilidad”, hay genes específicos que predisponen no solo a tener la enfermedad, sino que también tienen la información para decir si ésta va a ser leve o grave.

Factores ambientales: estos factores “despiertan” los genes y la enfermedad aparece; se cree que ciertas infecciones serían las responsables de activar dichos genes.

Factores inmunológicos: los genes activados por los factores ambientales, estimulan a un grupo de células que se llaman “linfocitos T” (que comúnmente llamamos “defensas”) que liberan una serie de sustancias que producen la inflamación y la destrucción de las articulaciones.

 

El diagnóstico de la enfermedad no se hace con una prueba única, sino con la suma de una serie de síntomas, signos, datos de laboratorio y hallazgos radiológicos característicos que son imprescindibles para diferenciarla de otras enfermedades que producen inflamación articular, como el lupus eritematoso sistémico, la espondilitis anquilosante, las artritis reactivas, la gota y la artrosis.

 

Por esto es muy importante la consulta especializada con un reumatólogo.