El comienzo típico de la enfermedad es lento, en semanas o meses (pero puede ser rápido) y en general en muchas articulaciones, afectando las articulaciones de manos, con rigidez en la mañana, de duración variable.

El lugar y el número de articulaciones que se comprometen son variables; generalmente pueden ser: manos, muñecas, codos, tobillos, pies, hombros, caderas y otras.

La artritis reumatoidea puede dar síntomas fuera de las articulaciones como fatiga, malestar general, fiebre, que pueden aparecer mucho tiempo antes de la inflamación o dolor de la articulación. Por eso el diagnóstico puede demorarse varios meses.

El examen físico debe ser realizado por el especialista en reumatología. Se pueden encontrar, aparte de las articulaciones doloridas e inflamadas, nódulos, quistes y deformidades, que pueden ocurrir dentro de los 2 años de comenzada la enfermedad, por eso es muy importante la consulta precoz.

Ningún análisis de rutina hace el diagnóstico por sí solo, sin embargo existen algunos que pueden contribuir, en conjunto con signos, síntomas y datos radiológicos característicos, por ejemplo el “FACTOR REUMATOIDEO o ARTRITEST o LATEX PARA ARTRITIS REUMATOIDEA”.

En los últimos años se han identificado otros marcadores más específicos de la enfermedad como el “ANTICUERPO ANTI PÉPTIDO CÍCLICO CITRULINADO”.

Los estudios de imágenes son muy importantes para el reumatólogo, y la radiografía es de mucha utilidad para el diagnóstico, sobre todo las de manos y pies. En etapas tempranas de la enfermedad, las radiografías pueden ser normales, pero eso no descarta la enfermedad.

Más de la mitad de los pacientes desarrollan lesiones o erosiones (como “lastimaduras”) en las articulaciones dentro de los 2 años de comenzada la artritis. Estas alteraciones en las radiografías pueden contribuir, con el tiempo, al desarrollo de discapacidad.

La columna cervical también se puede afectar, provocando lesiones graves: compresión de la médula y parálisis.